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Fito Páez cumple 60 años: una vida narrada en canciones

13/03/2023 - Retro
Fito Páez cumple 60 años: una vida narrada en canciones

En medio de uno de los momentos más brillantes en sus cuatro décadas de trayectoria profesional, cuyo próximo paso serán dos shows en el estadio Vélez Sarsfield previstos para el 1 y 2 de abril, Fito Páez festeja este 13 de marzo 60 años de una vida que podría ser reconstruida en todos sus aspectos a través de su profuso y -en su gran mayoría- soberbio repertorio, susceptible de engrosarse aún más a juzgar por sus prolíficos últimos movimientos.

Pues aunque nunca bajó el ritmo de sus producciones, el artista rosarino se despachó en los últimos tres años, cuando aún no se habían acallado los ecos de su exitoso disco «La ciudad liberada» (2017), con cuatro álbumes -tres de ellos como parte de una trilogía-, mientras ultima los detalles de su nueva versión del aclamado «El amor después del amor», a 30 años de su edición.

La gran particularidad en estos casos en que todos ellos contaron con la aceptación generalizada del público y la crítica, lo que lo llevó a protagonizar multitudinarios conciertos en nuestro país y otras partes del mundo, a encabezar festivales musicales, a la vez que lo hizo acreedor de numerosos premios de la industria, entre los que destaca el Grammy -máximo galardón en la materia- obtenido por «La conquista del espacio» (2020).

Ocurre que, aunque desde sus primeros pasos en los años 80 Fito se estableció como uno de los grandes nombres del rock argentino, heredero natural de una línea musical que tiene a Charly García y Luis Alberto Spinetta como máximos exponentes. Muchas de sus producciones, especialmente en este siglo, a veces pasaron inadvertidas entre el gran público y fueron cuestionadas por la prensa especializada, por lo que este luminoso presente pareciera ser la gran cosecha de una inclaudicable labor y el reconocimiento a su inagotable talento.

Más allá de las lógicas altas y bajas en su producción, lo cierto es que a través de toda su obra, Fito Páez fue narrando su vida y los distintos momentos que atravesaba: desde el «chico triste y encantado» que asombró por su precoz talento en medio del furor de la Trova Rosarina, pasando por la carta de presentación formal que significaron los versos de «Del 63» – primer corte de su homónimo disco debut (1984)-, su forzada pérdida de la inocencia en «Ciudad de pobres corazones» (1987) y «Ey!» (1988), y su resurgimiento personal tras la oscuridad gracias al amor y la conquista del público masivo con «Tercer Mundo» (1990), «El amor después del amor» (1992) y «Circo Beat» (1994).

Los avatares de su vida, su infancia en Rosario, sus amores, la llegada de sus dos hijos, el permanente tributo a sus héroes musicales, sus puntos de vista sociales y políticos y su amor por el cine y la literatura -áreas en las que además incursionó- también fueron debidamente explicitados por Fito a través de canciones o discos completos.

El hecho de que fuera una figura reconocida por el público rockero cuando aún no había llegado a los 20 años y que poco tiempo después ya acumulara en su currículum producciones junto a Charly, Spinetta, Caetano Veloso, composiciones convertidas en clásicos -en la voz de Juan Carlos Baglietto o en su propia voz- y discos que se ubicaron entre los mejores de la historia de la música popular argentina, como «Giros» (1985), acaso lo hicieron blanco de un nivel de exigencia pocas veces reclamada a otros artistas.

La herencia musical de Fito pareciera provenir de su madre Margarita, una profesora de piano que murió pocos meses después de su nacimiento. A pesar de que no la conoció y fue criado por su padre, su abuela y una tía abuela, en una casa en donde se consumía música de todos los estilos, el pequeño Rodolfo mostró desde temprano gran facilidad frente a las teclas, aunque poco apego a los rígidos métodos de las academias.

Tras integrar varios grupos juveniles, fue convocado por Juan Carlos Baglietto para integrar una banda con la que desembarcaría a principios de los 80 con mucha fuerza en Buenos Aires, en una movida que fue conocida como la Trova Rosarina. Allí descolló como arreglador y autor, con clásicos como «La vida es una moneda», «Actuar para vivir», «Tratando de crecer» y «Un loco en la calesita», entre otros.

El mundo del rock local le abrió la puerta grande cuando Charly García lo convocó para su banda en tiempos de presentación de «Clics Modernos» y gestación de «Piano Bar», una plataforma que le permitió grabar su primer disco solista «Del 63», en el que proyectó su enorme futuro, sobre todo a partir del genial tema «Tres agujas». La gran confirmación llegó con «Giros», el más acabado compendio hasta allí del cruce entre el rock y la música popular argentina, con temas como «Yo vengo a ofrecer mi corazón», «11 y 6», «DLG» y «Cable a tierra», por citar apenas algunos.

La buena estrella para Fito continuó con el EP «Corazón clandestino» (1986), que contó con la participación de Caetano Veloso; el álbum conjunto con Luis Alberto Spinetta «La la la» (1986) y la vida en pareja con Fabiana Cantilo. Pero el crimen en Rosario de las dos mujeres que lo criaron, en ocasión de un robo, lo sumergieron en la depresión y la oscuridad.

Aunque volcado a un estilo más dark, la calidad compositiva de Fito se mantuvo intacta, tal como quedó demostrado en el catártico disco «Ciudad de pobres corazones» (1987) y en «Ey!» (1988).

Con «Tercer Mundo» (1990) comenzaron a «aparecer los colores» en su vida, como él mismo dijo en una entrevista a la agencia Télam al cumplirse los 30 años de esa producción, en la que además mostró un nivel de sofisticación superior. Allí está tu gran clásico «Y dale alegría a mi corazón». La llegada de un nuevo amor, la actriz Cecilia Roth, trajo la luz definitiva y fue fuente de inspiración para el consagratorio «El amor después del amor» en 1992.

Grandes estadios, difusión en las más importantes radios comerciales y exitosas giras marcaron esa etapa, que siguió con «Circo Beat» (1994), aunque también le valió el alejamiento y la crítica de fans y periodistas «puristas», en una relación ambivalente que se mantiene hasta la actualidad. Sin embargo, Fito seguía acumulando clásicos, como «Mariposa Tecknicolor» y «Dar es dar».

Tras una agridulce reunión con Joaquín Sabina en el disco «Enemigos íntimos» (1998), el fin de siglo encuentra al rosarino enfocado con «Abre» (1999) y la llegada de su primer hijo, Martín, reflejada en «Rey sol» (2000). Pero también había espacio para la descripción de una sociedad que se desangraba tras la fiesta neoliberal de los 90 a través de la cruda «El diablo de tu corazón», sobre la que volvió en vivo en recientes tiempos de macrismo explícito.

A partir de allí, Fito fue sumando un disco tras otro, aunque muchos de ellos quedaron en el olvido y ni siquiera arrojaron grandes clásicos, como había ocurrido indefectiblemente hasta ese momento. Prueba de ello es que casi no aparecen canciones de esa etapa en los conciertos de los últimos años ni perviven en la memoria colectiva. «Naturaleza sangre» es acaso la excepción a la regla.

Sin embargo, siguió dando cuenta en sus temas de sus rupturas amorosas, encuentro de nuevos amores, el nacimiento de su segunda hija Margarita -fruto de su relación con la actriz Romina Ricci-, sus puntos de vista y su permanente tributo a sus ídolos musicales -tal como ocurrió en discos como «Moda y pueblo» (2005), «Canción para aliens» (2011) o «Rock and Roll Revolution» (2014).

«La ciudad liberada» en 2017 comenzó a ubicarlo en la senda del reconocimiento absoluto y definitivo, que lo deposita en este luminoso presente.

Con un Charly García alejado de la vida pública y las tempranas muertes de Spinetta y Gustavo Cerati, Fito comparte en la actualidad con Andrés Calamaro el título de gran referente de la tradición rockera local, aunque con pasos más sólidos respecto al ex Los Abuelos de la Nada y Los Rodríguez.

Producto de una labor incansable y un inagotable talento, el rosarino ostenta un catálogo plagado de grandes páginas, llena estadios, es mimado por la prensa local e internacional y cuenta con la devoción de un público masivo. Y eso que apenas cumple 60 años.

11 canciones y 6 décadas para celebrar

«Cuando estoy en el escenario me siento en el cielo. El escenario es mi vida. Cuando termino de tocar es cuando más descolocado me siento y no logró comprender qué pasó. Yo trato de no hacerme demasiado problema por esto porque sé que todavía tengo 20 años y me queda mucho por vivir», contaba Fito a la Revista Pelo en 1983. Quedaban por delante las canciones, y quedaron para siempre.

Para celebrar los 60 años de vida del compositor de «la música de los sueños de tu juventud», este repaso por algunos de los himnos que marcaron nuestra historia, canciones que, como el propio Fito expresó «están todas hechas con las tripas y con el corazón. Algunas con pasión, otras con más diseño, pero no hay nada de lo que haya hecho de lo cual me pueda arrepentir. Todo me llevó hasta aquí»

«Del 63»

«Componía ‘Del 63’ y sentí que tenía entre manos algo heavy, sin saber por y para qué. Mucho después entendí que también era heavy para alguna gente. No para todo el mundo, para los de mi edad sí».

Lo cuentan Laura Ramos y Cynthia Lejbowicz en su libro «Corazones en llamas, historia del rock argentino en los 80»: Una tarde en la sala de ensayo del grupo de Baglietto, Páez empezó a juguetear con el piano y encontró una melodía. Momentos después saltaba del taburete hacia el escritorio de Mónica, una asistente de la oficina, para descerrajarle una serie de preguntas:

«¿A Kennedy lo mataron en el 63? ¿Vietnam fue después, no? ¿Fue en el 69 lo de la Luna por TV? Después de agotar sus últimos billetes en un quiosco, Fito tomó un colectivo y se fue a su casa de La Boca. Estaba solo y se encerró en la cocina. Puso la pava a calentar, fumó Particulares uno tras otro y antes del amanecer tuvo la letra lista. Poco más tarde empezó a cantar del 63 en los shows de Baglietto».

Era el primer disco de Fito Páez, y comenzaba a nutrir de clásicos a la historia del rock argentino.

«Yo vengo a ofrecer mi corazón»

«Tengo una nueva letra que dice ‘Y uniré las puntas de un mismo lazo’, que eso para mí significa muchas cosas; unir la chacarera con el rock, unir los sexos, unir esta galaxia con otra, (Alberto) Olmedo con Mercedes Sosa«, explicaba Fito a la Revista Pelo, en 1984, y comenzaba a desmantelar los prejuicios, los bordes, las barreras de la música, y de las ideas.

«Parte del aire»

La inolvidable «Parte del aire», del disco «La La La» (1986) nace cuando, con la partida de su padre, Rodolfo Páez, Fito se encontró huérfano de madre y padre con tan solo 22 años. «Navidad del 85, acababa de morir mi padre y vivíamos con Fabi Cantilo en una vieja casa estilo inglés en Estomba y La Pampa. Mi madre falleció cuando yo tenía ocho meses, así que me pareció interesante la posibilidad de pensar en un romance atravesando el tiempo. Las ideas de transmigración de las almas y la vida después de la muerte rondan estas líneas, aunque pensándolo bien no soy muy amigo de ellas», escribió Fito cuando editó una nueva versión de la canción en su disco «Euforia».

«Ciudad de pobres corazones»

En noviembre de 1986, Fito Páez se encontraba de gira en Brasil cuando recibió el llamado que le dio una de las peores y más dolorosas noticias de su vida: su abuela y su tía, las dos mujeres que lo criaron desde los 8 meses de edad cuando muere su madre, habían sido halladas asesinadas en su domicilio de Rosario. Fito reflexiona en «Hay cosas peores que estar solo», el libro de Federico Anzardi, que «‘Ciudad de pobres corazones’ es un álbum que hubiera preferido no hacer. Son experiencias que no se las deseo ni a mi peor enemigo. Una tragedia así te despierta un sentido y un sinsentido de la existencia».

«Solo los chicos»

«Al tema lo hice bien como un chico, en un solo tono, poniendo la fantasía ahí en el medio. Me pareció que estaba bien hacerle un tema a los chicos; no tengo un hijo, no podría hablar de un hijo, pero sí puedo hablar de los chicos de la calle, de los colectivos, de los que venden diarios… Es como relacionarme con un amigo, ponele, algo así», le contaba Fito a Gloria Guerrero en diciembre de 1988, para sus gloriosas páginas de la Revista Humor. Los hijos llegarían varios años más tarde, y esta canción continuaba sonando.

«Tercer mundo»

En enero de 1990, Fito reflexionaba sobre el corte de su nuevo álbum, en una entrevista nuevamente con Gloria Guerrero, incluida en su libro «La historia del palo, diario del rock argentino 1981-1994»:

«‘Tercer mundo’ es un relato. Quiere ser como un chiste. Es una joda a todos los personajes que a mí me parecieron como representativos. La letra es mucho más larga lo que pasa es que no se me acababa nunca…Hay tantos personajes: me quedaron afuera Sonia Braga, (Carlos) Gardel, el Negro Olmedo. No les di una contemporaneidad, sino que lo hice como si fuera un sueño. Todo lo que canto es lo que sueñan los tipos: es decir, lo que arrancaron soñando, y cómo terminó. Es como un chiste sobre el mundo en que vivimos: un rap funky nato. Es reírse. Yo en este momento no tengo un peso, no tengo un manager, no tengo disco, no tengo nada, me prestaron plata los amigos, en los restaurantes me dan de comer fiado porque me conocen…. Y bueno, pero también me queda el humor, todavía. El Tercer Mundo lo vivo sin un mango. Es como dice la letra: “Nena, hoy vuelvo a casa a soñar con vos y en cada grito me hundo, me hundo, me hundo. Pero vuelvo a casa a soñar. No puedo andar con un chumbo en el bolsillo. Lo mío es la imaginería. Yo construyo desde ahí».

«El amor después del amor»

Cuando Fito estaba llegando a sus 30 años de vida, llegó el amor, después del amor, y se transformó en disco. «El amor después del amor» se convertiría en el álbum más vendido de la historia del rock argentino, y allí se desplegaba todo el universo musical de Fito Paez, en donde las voces de mujeres tenían protagonismo: Fabi Cantilo, Celeste Carballo, Claudia Puyo, Mercedes Sosa, convergieron en este álbum, y muchas otras artistas, ya habían cruzado, o cruzarán, sus caminos musicales con el de Fito, como Liliana Herrero, Alina Gandini, Laura Vázquez, Lali Espósito, Nicki Nicole, Zoe Gatusso.

«Circo Beat»

Siguen corriendo los años 90, y Fito instala su «Circo Beat» de puertas abiertas.

«Esta payasada política que tenemos alrededor; el circo es también el Sargento Pepper al lado de la bolsa de papas y los gauchos; el circo es una mariposa contra una tela de araña y una lagartija cuidándola. Todo eso es este circo», describía él mismo en una entrevista para la televisión mexicana del año 1995.

«Dar es dar»

«‘Dar es dar’ es un poco lo bueno que pude aprender de Charly. Esa actitud de despojo. Incluso, hecho en los tonos de Charly, a la manera de ‘Peluca Telefónica’, con ese desparpajo tan genial que tiene ese tema. Habla de dar, y lo que recibís también es libertad; y un poco contra los traumatismos, contra el hedonismo psicoanalítico, contra la tensión, contra el resentimiento, contra la agresión de la cual soy víctima también: dar es dar», se lo escucha decir en una entrevista realizada como parte del material promocional de su disco «Euforia» (1996), en el que está incluida esta canción.

«Gente en la calle»

Nuevas generaciones de cantantes y de públicos continúan sumándose a la obra de Fito, siempre vigente, y con el amor intacto. Pueden escucharse las hermosas versiones de Zoe Gotusso de “Fue amor”, o de “Un vestido y un amor”, grabadas cuando aun era parte del duo Salvapantallas; a Nicki Nicole, que en la versión acústica de su hit «Plegarias» rinde un homenaje al maestro de la canción, incorporando versos de “Brillante sobre el mic”; o bien a Lali Espósito, que suele incluir en su repertorio una canción de Fito, y que fue su invitada a participar de uno de los últimos trabajos del rosarino, «Gente en la calle».

«Los años salvajes»

Y finalmente, la canción que se abre paso en el álbum «Los años salvajes» (2021), junto a Fabi Cantilo, y su reflexión:

«Es una canción que deriva de la autobiografía que escribí en pandemia. Recuerdo épocas de juventud, sin nostalgia, sin opinión tampoco. Los hechos empíricos, en fin. Y, al final tiene una frase muy hermosa que dice ‘estos son mis años salvajes. El infinito está ahí afuera. Ya estoy curioso del vuelo’.

Infinitos 60 años, Fito. Y vida infinita a estas canciones.


Por Hernani Natale (Télam)

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