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Los Tipitos: «Trabajar con Lucho González fue como volver a ser niños, adolescentes, cuando estudiábamos música»

07/03/2020 - Especiales
Los Tipitos: «Trabajar con Lucho González fue como volver a ser niños, adolescentes, cuando estudiábamos música»

A mediados del año pasado, Los Tipitos publicaron «De mi flor», su primer álbum de folclore. Este disco contó con la participación de artistas como Abel Pintos, Chaqueño Palavecino y Peteco Carabajal, entre otros, además de permitirle a la banda actuar en la edición 2020 del mítico festival folclórico de Cosquín.

El bajista Federico Bugallo explica cómo surgió el vínculo de Los Tipitos con el folclore argentino. «Cuando empezamos nuestra carrera, allá por los años noventa, empezamos tocando en peatonales, plazas, parques, colectivos y demás. Entonces le metíamos mano al folclore, porque cuando vos tocás en una calle, la gente no te fue a ver a vos, está caminando por ahí, va hacia otro lugar y te da uno o dos minutos para que la convenzas de que se tiene que quedar escuchándote, público de todas las edades, de diversos gustos musicales».

«Entonces le metíamos mano a la música popular de todos lados», agrega. «Tocábamos cosas de (Astor) Piazzolla, ritmos folclóricos, la ‘Garota de Ipanema’, temas de Henry Mancini, mechando con temas nuestros y demás. Además, nosotros que crecimos en los años setenta, en las escuelas te enseñaban las canciones… yo creo que la primera canción que me aprendí fue ‘La López Pereyra’, en tercer o cuatro grado».

Bugallo amplia: «Grandes guitarristas del rock nacional como Pappo o el Gringui Herrera empezaron tocando canciones del ‘Sapo cancionero’ con una guitarra criolla… no era muy común en esos tiempos la distorsión y la guitarra eléctrica en las casas de la gente común».

«Un día la compañía nos dijo ‘¿no se animan a hacer un disco de folclore?’. Le dimos tiempo para madurar esa idea, pero en un momento respondimos que sí, que nos gustaría, pero no como intérpretes, no hacer un disco con todos clásicos del folclore e interpretarlos… podríamos hacerlo si pudiéramos ser capaces de componer y de sumarle algo a la inmensa bibliografía del folclore argentino, algo de Los Tipitos que pudiera formar parte de nuestro folclore».

La intención de escribir canciones propias con ritmos folclóricos fue un desafío. «En un momento dijimos ‘a ver si somos capaces de componer una chacarera, una zamba'», cuenta el bajista. «Y empezamos a laburar en eso y vimos que sí, que nos salía, nos empezaron a salir cosas y ahí nos empezamos a divertir, empezó una aventura hermosa de volver como a ser niños, a reinventarnos».

Pero a pesar de las canciones propias, aún faltaba algo. «Cuando nos salieron las primeras composiciones dijimos que para darle el verdadero color del folclore necesitamos a un productor artístico, alguien que conozca las cicatrices y los lunares del género, alguien que lo conozca en la intimidad», recuerda Bugallo. «Y ahí dimos con Lucho González, que para quien no lo conoce fue durante muchos años guitarrista de Mercedes Sosa, y fundador del trío Vitale-Baraj-González con Lito Vitale y Bernardo Baraj, un verdadero profesor que nos fue llevando cada vez más al estudio, al aprendizaje y al maravilloso mundo del 6×8, y fue como volver a ser niños, adolescentes, cuando estudiábamos música y nos metíamos cada vez más adentro de una cosa que, si bien conocíamos, nunca nos habíamos sumergido tan a fondo. Fue una experiencia maravillosa, sobre todo componer y meter cosas como ‘La sanatera’, la primera chacarera que habla de rock, es una chacarera porteña ‘que vino de Flores escondida en la guantera'».

«Nosotros queríamos componer y habíamos compuesto mucho, pero también queríamos meterle algunos clásicos del folclore», acota. «Entonces Lucho nos trajo para mostrarnos algunas cosas, nos dijo ‘esto les va a quedar bárbaro a ustedes’. Era esta zamba que se llama ‘Mujer, niña y amiga’ de Robustiano Figueroa Reyes, una zamba hermosísima a la que Lucho le hizo unos arreglos todos llenos de armonías. Y decía ‘a ustedes les queda bárbaro pero necesitamos una voz angelical que le de una dulzura extra’. Y nosotros le dijimos que conocemos a Abel (Pintos), porque en 1996, cuando León (Gieco) hizo su sello discográfico Cañada Discos, quería un cantante de folclore para desarrollar, no que fueran conocidos, y quería un grupo de rock, y de todos los demos nos eligió a nosotros para hacer rock y a Abel Pintos, que era un niño, para ser su artista de folclore. Allí nos conocimos, éramos como compañeros de agencia. Abel en ese momento era un chico que tenía 13 o 14 años, después se convirtió en ese monstruo que es ahora, y siempre nos fuimos encontrando y recién ahora tuvimos la posibilidad de hacer algo juntos».

«La compañía nos había pedido que hiciéramos una versión de un clásico nuestro y nosotros decíamos que reversionar temas nuestros hechos folclore nos parecía una falta de respeto, no podemos», se sincera. «Un día, comentándole esto al Colo Vasconcellos, de Los Huayra, un monstruo, nos dice ‘yo les hago una versión de Campanas en la noche’. Le habíamos contado que nos pedían que hiciéramos una versión y que no queríamos hacerla… y el dijo ‘yo les hago Campanas, que es un temazo'».

Bugallo explica que «(Vasconcellos) hizo una versión con un ritmo que se llama tinku, le tuve que poner el bajo yo y Willy (Piancioli) la cantó de nuevo… nada más. Es una versión que hizo el Colo que quedó buenísima, nos encantó y la pusimos».

El músico confiesa que «nos quedaron varios temas afuera en los que estamos trabajando para hacer un volumen 2, donde vamos a meter esas cosas y algunos ritmos que nos quedaron medio desatendidos, como si fuera el chamamé… nos faltaron algunas cosas así que queremos sacar el volumen 2 de ‘De mi flor’ y redondear este trabajo».