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Dos años sin Prince ¿qué hubiese querido él?

21/04/2018 - Retro, Destacados
Dos años sin Prince ¿qué hubiese querido él?

Hace dos años Prince fallecía sorpresivamente. Tan solo seis meses después, su complejo de grabación y residencia Paisley Park era abierto como un museo. El lugar ahora cuenta con una tienda de regalos, un restaurante (vegetariano, como el artista) y un amplio espacio para fiestas, todo operado por los mismos supervisores de Graceland.

Paisley Park, ubicado a 32 kilómetros de Minéapolís, es un edificio blanco y estéril que tranquilamente podría albergar oficinas. Sin embargo, en su interior los visitantes tienen la oportunidad de grabar 30 segundos de su propia voz sobre una canción de Prince (“Raspberry Beret”, “You’ve Got The Look” o “Cream”), jugar ping-pong en su mesa bastante gastada y posar para sacarse fotos frente a su piano (Aunque no con teléfonos celulares que, como en tiempos de Prince, están estrictamente prohibidos).

Algunos amigos y familiares del músico no están muy contentos con esto. “Es simplemente vulgar”, dijo Charles “Chazz” Smith, primo y ex compañero de banda, sobre los turistas que pasan por la casa donde murió. “Prince tenía clase, en todo… La gente ha hecho todo lo contrario de lo que Prince hubiese querido”.

Prince, quien de vez en cuando organizaba grandes fiestas en el complejo, habló en al menos una entrevista de la posibilidad de abrir algún día Paisley Park como museo. Aunque también era conocido por cambiar de opinión.

Interpretar los deseos de Prince no es fácil. Pocos artistas han logrado tanto control sobre su obra. Muy cauteloso y temeroso de internet, lucho durante años por mantener sus 39 álbumes de estudio lejos de las plataformas de streaming y de YouTube y ha librado incontables batallas con su sello discográfico, con sus fans y con los piratas.

Y a pesar de todo, sorprendentemente para un artista que quería tener todo bajo control, no dejó testamento. “No pienso en ‘desaparecer'”, le dijo a la revista Rolling Stone dos años antes de su muerte. Pero lo hizo y dejó un enorme dolor de cabeza.

Su patrimonio, estimado entre 100 y 300 millones de dólares, está siendo supervisado por gente que él no eligió. aunque están involucrados varios ex asistentes. También hay familiares presentando demandas legales, aunque a algunos no había visto en 15 años.

Con Prince, hay asuntos más delicados que el dinero. Tras la muerte de un artista, el trabajo y la reputación están sujetos a los caprichos y las fluctuaciones del gusto y el mercado, y más aún sin directivas legales.

Ayer viernes, casi 20.000 espectadores se dieron cita en el en el Target Center de Mineápolis para asistir a un concierto con varios ex colaboradores, acompañando a un “recién remasterizado y nunca antes publicado audio y video de Prince”.

“Es lo más demoníaco que se pueda imaginar”, dijo Prince en una entrevista con Guitar World en 1999. “Todo es como es, y debería ser. Si tuviera que hablar con Duke Ellington, hubiésemos vivido en la misma época. Toda esa realidad virtual … es realmente demoníaca. Y no soy un demonio… eso nunca me pasará”.

Prince guardó un enorme archivo de música y videos inéditos, literalmente, en una bóveda del sótano de Paisley Park. Fueron descubiertas tras su muerte, y el daño causado por el moho y la humedad motivó su traslado a Los Ángeles para su preservación.

La cantidad de material de audio y video es asombrosa, de acuerdo con antiguos asociados familiarizados con sus contenidos. “Tengo todo en cinta, incluso todas las improvisaciones informales”, dijo Prince a Guitar World. Sus colegas lo recuerdan escribiendo una canción al día, garabateando letras con la caligrafía de una niña de sexto grado, con las “i” coronadas con corazones.

“Solía ​​grabar algo todos los días”, dijo a Rolling Stone en 2014. “Siempre bromeo con que tengo una adicción al estudio”.

Solo él determinaba lo que compartía con el público y lo que quedaba resguardado. Ahora, esa decisión está en manos de otros. En el archivo podría haber varios discos sin terminar y muchísimas canciones sueltas. ¿Está bien publicar ese material si Prince decidió no hacerlo?

Incluso en el caso de una respuesta positiva, surgen más interrogantes. ¿Cómo deberían publicarse esos discos? ¿Con qué frecuencia deberían publicarse? ¿Estaría bien inundar el mercado con discos de Prince?.

“Si él hubiese querido publicarlo, ya estaría publicado”, argumenta Jaqui Thompson, ex gerente de Paisley Park y organizadora de una red de antiguos empleados de Prince. De hecho, Prince detuvo en 1987 la publicación de “The Black Album”, una semana antes de su lanzamiento previsto, argumentando que el disco estaba “maldito”.

Muchos fans se estremecieron cuando Justin Timberlake “compartió” escenario con una proyección de Prince cantando “I Would Die 4 U”, durante el entretiempo del SuperBowl de 2018. La actuación había sido aprobada por los herederos del músico.

Timberlake también consiguió permiso para organizar una fiesta en Paisley Park, donde sirvió excepcionalmente alcohol, algo que Prince nunca hubiese aceptado.

Los herederos también llegaron a un acuerdo para vender merchandising del artista en el estadio del equipo de béisbol Minnesota Twins. Prince no era un apasionado del béisbol, sino del básquetbol.

Y Paisley Park lanzó una exhibición itinerante llamada “My Name Is Prince”, una colección de 300 objetos que actualmente se encuentra en Amsterdam.

“Sabemos que no todos llegarán a Minnesota”, dice Angie Marchese, directora de colecciones de Paisley Park y Graceland. “Prince todavía estaría de gira. La exposición itinerante ocupa el lugar de lo que él hubiera estado haciendo”.

“Simplemente murió. Otros humanos, simples mortales, no lo estamos manejando bien”, dice Robert “Bobby Z” Rivkin, el baterista original de Revolution, que compara a Prince con Mozart en su trabajo e influencia. La banda que lo acompañó en su ascenso a la fama en la década de 1980 todavía se mantiene en contacto cercano, dice: “Todos somos hijos suyos de alguna manera, somos sus creaciones”.

“La familia es nueva en esto. Es un gran legado”, dice Rivkin, que participa en los eventos de celebración. “¿Aprobaría las decisiones o no? No aprobaba muchas ideas. Tenía el control exclusivo. No se lo podía cuestionar. Quería la última palabra sobre lo que hacías con su música”.

Otros amigos se sienten incómodos ante la posibilidad de convertir Paisley Park en el Graceland de Minnesota o de publicar el material de su archivo. “Nunca he visto a una celebridad musical tan explotada por personas que no podían sacarle ese dinero cuando estaba vivo”, dice Steve McClellan, el empresario de Mineápolis que en 1981 contrató por primera vez a Prince para que toque en su club nocturno First Avenue. “No tenía planes para después de su muerte. Ahora podés jugar al ping-pong en Paisley Park. Es horrible que la gente esté explotando así su muerte”.

La industria de la música ha cambiado dramáticamente desde la batalla que Prince libró en la década de 1990 contra Warner Bros., cuando comparó los contratos de grabación con la esclavitud y protestó adoptando un símbolo impronunciable en lugar de su nombre. Los catálogos de canciones y fragmentos de material inédito que dejaron Elvis Presley y Michael Jackson ayudaron a convertir sus propiedades en monstruos, pero en la era de las descargas digitales y el streaming, las ventas de discos ya no son un generador de ingresos tan consistente.

Ahora los artistas hacen dinero con las giras, especialmente un artista en vivo tan asombroso como Prince, que vendió 21 conciertos en el 02 Arena de Londres en 2007. Pero Prince ya no estará de gira.

Desconfiaba de los servicios de streaming, resentido de los pocos ingresos que llegaban a los bolsillos de los artistas. Ahora, sin embargo, sus herederos han lanzado su música en múltiples plataformas. Sus canciones y videos de repente inundan internet. Algo que Prince hubiese aborrecido.

O tal vez no. Su música está ahí para que las nuevas generaciones la abracen y la compartan. La abundancia y disponibilidad de su trabajo asegura que Prince, como él dijo, no ha “desaparecido”. Que, en cierto modo, era su plan.

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